Meditación sobre la Muerte

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El bosque está naciendo y muriendo simultáneamente y los árboles que mueren se convierten en el abono de una nueva vida.
Tú también eres un árbol solitario en medio de la vida. Hay un tiempo para nacer, otro para vivir y, definitivamente, un tiempo para morir. La muerte es inevitable, no nos toca otra que aceptarlo. La vida es alternancia y la muerte puede aparecer en cualquier momento: a través de un accidente, de un paro cardiaco o de una enfermedad fulminante. La muerte nos aboca a lo que no podemos controlar y nos sume en el misterio. Podemos tener muchas creencias acerca de ella pero… no sabemos qué hay más allá.

Tenemos tan arraigado el instinto de supervivencia que nuestro contacto con la muerte se vuelve muy irracional. Tememos dejar de ser, entrar en la nada y perderlo todo. La muerte nos despoja de todos nuestros asideros, de todas nuestras identificaciones y de todas nuestras ideologías.
No podemos llevarnos nuestras pertenencias, ni nuestros títulos, ni nuestras relaciones. No podemos saber si nos llorarán mucho o poco, si nos recordarán días, meses o años… lo único que podemos saber es que nos convertiremos en ceniza o, tal vez, con el tiempo, en polvo. La memoria de nuestra persona se perderá rápidamente, apenas cruzará un par de generaciones. Terminaremos siendo nada, solo una estela de vida, apenas un parpadeo en el tiempo. La muerte nos recuerda que nada perdura y que tenemos que aprender a marchitarnos, a soltar lastre y a quedarnos con lo esencial: el mismo espíritu que no puede ser disuelto por la muerte porque está más allá de la corriente del tiempo, único lugar donde opera la Parca.
La muerte colabora con la vida secretamente para renovarla. Lo viejo muere para dejarle espacio a una nueva vida con más potencial. Muere el árbol pero no el bosque, muere la célula pero no el órgano, muere el cuerpo pero no el Ser, muere la persona pero no la humanidad.
Tarde o temprano nos vamos a morir, ¿estás preparado para ello? ¿Tienes vértigo? ¿Te acompaña el miedo o la fe? Nadie te puede acompañar, estás solo, estás sola delante de la inmensidad de la muerte. La vida queda atrás. Puedes sentir orgullo o arrepentimiento, victoria o derrota, paz o ira, gloria o miseria, aceptación o rechazo. No puedes saber de verdad cómo reaccionarás delante del precipicio mortal. ¿Necesitas pedirle a la muerte una tregua para zanjar cuentas pendientes? ¿Necesitas otra oportunidad para cumplir tu propósito en la vida? ¿Necesitas tiempo para expresar el amor que estaba guardado? Habla con la muerte, es posible que te escuche.
Recuerda que eres mortal y que todos moriremos algún día. Recuerda que la vida no se posee. Recuerda que cada mañana la vida nos otorga un don, un regalo sin condiciones. Recuerda que la vida es una oportunidad para que se convierta en una obra de arte. Recuerda que la vida es mucho más de lo que nos dicen nuestros sentidos y recuerda que uno descansa en paz cuando lo ha entregado todo, cuando su libertad se ha convertido en servicio y la experiencia se ha destilado en sabiduría.
Hazte amigo, hazte amiga de la muerte. Recuérdala como una aliada, entrega tu soberbia y ábrete a lo infinito.

Julián Peragón

 

Photo by Hiroyuki Igarashi on Unsplash

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