Mudrâ: Pushpaputa mudrâ

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 Pushpaputa Mudrâ, una mano llena de flores

 

Técnica:

Las manos como si fueran cuencos reposan sobre el regazo de los muslos. Los dedos relajados y los pulgares pegados a los otros dedos.

 

Simbolismo:

Unas manos abiertas que no tienen miedo a la vulnerabilidad de la exposición. Unas manos abiertas que no son ávidas para apresar y retener que entienden que las cosas, los bienes, los vínculos, la misma energía es un flujo que debemos dejar fluir. Unas manos que dan como da el corazón, por rebosamiento.

Ese abrirse para sensibilizarnos, para captar lo sutil de la vida, sin miedo a contraer «malas» energías porque cuando uno está limpio de corazón lo negativo resbala. Sólo atraemos aquello que ya está en nosotros de una forma latente o manifiesta.

Esta actitud es la que permanentemente nos recuerda la flor, abre sus pétalos entregando su alma, aroma y colorido, belleza y fragilidad, está presente en el mudra. Y el Pushpaputa mudra nos recuerda, además, que poseer algo forma parte de la ilusión de la vida, de la ignorancia del ego. Es como coger el aire, el agua o la arena que se escapan por nuestras fisuras entre los dedos, o querer atrapar la vida bajo seguros de vida o contrato de vínculos, pues nada escapa a la muerte.

Siente brotar de tus manos una flor y entrégala a la totalidad que nos rodea. Nos dice el refrán, siempre queda algo de olor en la mano que regala rosas.

Julián Peragón 

 

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